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viernes, junio 21, 2024

El techo de gasto es la gran incógnita económica que comparten Lula y Bolsonaro

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INFOBAE – Aumenta la tensión en el seno de la coalición del candidato Luiz Inácio Lula da Silva. Según la prensa brasileña, es cada vez más fuerte la ruptura entre el ala más militante del Partido de los Trabajadores (PT) liderada por el propio Lula y la presidenta del partido, Gleisi Hofmann, y el ala económica representada por los economistas de la Fundación Perseu Abramo, que asesora al partido precisamente en las estrategias económicas.

El ex presidente ha declarado repetidamente su intención de levantar el techo de gasto en caso de victoria, es decir, el límite de gasto que debe respetar el Gobierno, pero nunca ha presentado un plan detallado. Toda el ala del partido que apoya a Lula trata de tranquilizar diciendo que el presupuesto primario, es decir lo que fija cada año el Parlamento en su presupuesto, se mantendrá como objetivo. El ex presidente, además, defiende la vuelta a un régimen de superávit fiscal, es decir más ingresos que gastos. Pero, ¿cómo llegar hasta allí? Una de sus propuestas es fijar objetivos fiscales flexibles para que en caso de recesión se pueda aumentar el gasto como medida anticíclica.

Los economistas del PT, por su parte, abogan por una nueva regla de control de los gastos por la que estos puedan subir por encima de la inflación, a diferencia de lo que ya introdujo Michel Temer tras el desastre económico del gobierno de Dilma Rousseff.

También sostienen que hay que priorizar en el gasto público la inversión, especialmente en infraestructuras, para que actúe como multiplicador del Producto Interior Bruto (PIB). En cuanto a las otras líneas genéricas del plan presentado por Lula al Tribunal Superior Electoral, tal y como exige la ley, además de la supresión del techo de gastos se dice que es necesario “revisar el actual sistema fiscal brasileño, actualmente disfuncional y sin credibilidad”. Lo que significa una reforma fiscal que reduce los impuestos para los menos pudientes y los aumenta para los más ricos.

Sin embargo, para el mercado financiero todo esto no es suficiente. Para Alberto Ramos, director de Investigación Macroeconómica para América Latina de Goldman Sachs, “Lula ha estado haciendo campaña en la línea de ‘ustedes crean en mí, me conocen y no necesito decir lo que voy a hacer’. No sabemos quién será el ministro de economía, sabemos que tanto al PT como a Lula no les gusta el techo de gastos, pero nadie se ha esforzado en explicar cuál es la alternativa”. Es precisamente sobre el techo de gastos donde Ramos expresa su perplejidad. “Me reuní con gente del PT en San Pablo y lo que escuché fue que el techo debe ser ‘flexible, creíble y anticíclico’, que debe dar espacio a la inversión y perseguir políticas redistributivas. Una caracterización que, sin embargo, sigue siendo muy abstracta”, según Ramos.

Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), que tras obtener el tercer puesto en la primera vuelta de las elecciones presidenciales ahora apoya a Lula, también dijo sobre la economía que “Lula ha despreciado al votante” al no presentar un plan de gobierno y sólo hablar del pasado.

El sábado, Folha de São Paulo, un periódico que ha apoyado al ex presidente desde el inicio de la campaña electoral, publicó un editorial muy duro titulado “Es la economía, Lula” en el que invitaba el ex presidente a “bajar del pedestal” de los resultados de la primera vuelta y a indicar antes del ballotage del 30 de octubre su plan y quién lo llevará a cabo en el ámbito económico.

“El ex presidente parece querer esperar a que su regreso al Planalto se produzca por pura gravedad”, reza el texto firmado por la dirección del periódico, “o por el reconocimiento de hechos pasados. O porque los votantes no tendrían nada que perder y cualquier alternativa al marco actual le convendría”. El riesgo, señala Folha de Sao Paulo, es que la “opacidad” de Lula sobre su plan de gobierno y la gestión de la economía, además de costarle la victoria definitiva en la primera vuelta, puede resultar un error estratégico fatal y convertirse en un suicidio electoral el 30 de octubre.

El economista Luiz Carlos Mendonça de Barros, ex presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, lo tiene muy claro. “Para ganar las elecciones”, dijo en una entrevista con el diario Estado de São Paulo, “Lula tiene que nombrar un muy buen ministro de economía y no esta porquería de la que se está hablando. Si no, no ganará”.

De Barros se refiere a los nombres publicados en la prensa brasileña como favoritos, entre ellos el del médico Alexandre Padilha, ex ministro de Sanidad del gobierno de Dilma Rousseff. Sin embargo, Lula parece inflexible en este momento. “Es una locura”, dijo, “pensar que tenemos que indicar antes de los resultados un equipo. Formar un gobierno es como preparar una selección nacional, se elige a los mejores, a los que van a ganar el partido”.

Luego reiteró que a diferencia de Bolsonaro, los brasileños saben que “él es la garantía del ejercicio democrático del país”. El PT hizo saber después que, en caso de victoria de Lula, la nueva regla fiscal sólo dependerá del Congreso y de la situación de las cuentas públicas. Ayer, el ex presidente también dijo que eximirá del pago del impuesto de renta a quienes ganen menos de 5000 reales al mes, cerca de 1000 dólares.

Qué haría Bolsonaro

En cuanto a Bolsonaro, él había dicho antes del inicio de la campaña electoral que “la idea de sobrepasar el techo de gastos existe” sólo para volver sobre sus pasos y declarar que la responsabilidad fiscal es la “brújula” del gobierno.

Durante su mandato el techo de gasto se ha superado varias veces para prestaciones sociales, multiplicadas en estas últimas semanas de campaña, y para gastos de emergencia durante la pandemia. Bolsonaro tampoco ha divulgado formalmente su propuesta fiscal.

Sin embargo, el ministro de Economía Paulo Guedes había dado información precisa antes de la campaña electoral, afirmando explícitamente que “el techo es un símbolo de austeridad, pero necesita ajustes”. Por ejemplo, defendió la idea de utilizar las privatizaciones para financiar infraestructuras y programas sociales sin contabilizarlas en el presupuesto.

Además, desde su inicio en 2019, el gobierno de Bolsonaro, que ha sustituido a varios ministros, nunca ha cambiado el ministro de Economía. El domingo el presidente afirmó en una entrevista con un canal de YouTube que si es reelegido su ministro de Economía será confirmado. Guedes, alumno de la escuela neoliberal de Chicago y con credibilidad internacional – la próxima semana se reunirá en Washington con representantes de bancos y fondos de inversión internacionales para tratar el tema de las elecciones – deja una economía con cifras positivas sin lograr, sin embargo, una distribución equitativa de la renta.

De hecho, la previsión de crecimiento de Brasil para 2022 habla de un PIB por encima del 3%, el desempleo ha bajado por primera vez después de 7 años por debajo del 9%, mientras que la inflación terminará 2022 en el 5,7%, menos que la de la Unión Europea. Poco antes de la primera vuelta Guedes había comentado la posible victoria de Lula con duras palabras.

“Brasil se enfrenta a su pasado. No tiene tiempo de salir de un barranco que inmediatamente aparece un fantasma y se apodera de nuevo de todo. Brasil era un país en bancarrota con empresas estatales en quiebra y endeudadas. Ingresamos 170.000 millones de reales (33.000 millones de dólares), ajustamos los fondos de pensiones y negociamos inversiones por valor de 908.000 millones de reales (175.000 millones de dólares)”. Sin embargo, hay que recordar que el problema del hambre también creció exponencialmente junto con el trabajo informal. Tras la pandemia 33 millones de personas, el 15% de la población, viven en condiciones de inseguridad alimentaria severa, según los datos de la Red Brasileña de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (PENSSAN).

Por lo tanto, quien sea que llegue a la presidencia tendrá que enfrentarse a importantes retos económicos y, por eso, sería necesaria una clara planificación y, además, sería justo que los votantes la conozcan, antes de acudir a las urnas.

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