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lunes, julio 15, 2024

España tiene la mayor rotación de la UE entre los que encuentran trabajo y los que lo pierden

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El gran éxito de la reforma laboral de 2021 ha sido mejorar la estabilidad de la contratación al disparar el peso de los que tienen carácter indefinido, pero no se puede decir que haya tenido el mismo impacto en la duración real de los empleos. De hecho, España sigue siendo el país europeo con el mayor porcentaje de trabajadores que empiezan un nuevo empleo cada trimestre, pero también en el que más personas abandonan el suyo.

En los análisis sobre la calidad del empleo, antes y después de la última reforma laboral, se abusa de la confusión sobre cómo se mide la duración real de los contratos. Así, la estadística más utilizada, la de los contratos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), solo recoge datos de los temporales de duración determinada, es decir, aquellos en los que la duración se especifica en el propio de la firma. Esta información no puede conocerse para los contratos indefinidos. Pero tampoco para los temporales considerados de duración indeterminada, como puede ser una sustitución, si bien su número se ha desplomado desde la desaparición de los contratos por obra y servicio.

Los datos del SEPE reflejan una caída de la duración de los contratos temporales de duración determinada tras la reforma laboral, con un porcentaje de los de muy corta duración similar a la de antes del cambio legal, pese a la mayor penalización en cotización. Pero, aunque muy ilustrativas para otras cuestiones, estas cifras no sirven para saber cuánto duran realmente los empleos de las personas que firman el resto de los contratos, especialmente los fijos.

Una opción sería recurrir a los datos de la Seguridad Social, que sí permiten calcular el tiempo que transcurre entre el alta y baja de afiliación. Pero, aunque el ex ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, ahora al frente de la cartera de Transición Digital y otros cargos del departamento que ahora dirige Elma Saiz ofrecían ocasionalmente información al respecto, nunca se llegó a publicar una serie estadística contrastable y manejable que contribuiría, sin duda, a despejar muchas dudas.

Ello a pesar de que sí se sacaron de la manga otras que no son tan demandadas, como el reciente caso de las horas trabajadas sobre los que no se puede decir que falte información porque el Instituto Nacional de Estadística ya la aporta tanto en la Encuesta de Población Activa (EPA) como en las cifras de Contabilidad Nacional.

En el caso de la duración de los empleos, la única manera de obtener una radiografía completa también es acudir el INE, que tanto en la EPA como en la Estadística de Flujos de la Población Activa muestra cuánto tiempo llevan los ocupados en el mismo trabajo. Y en este sentido, los datos del tercer trimestre muestran que la ‘composición temporal’ del empleo no ha cambiado apenas tras la reforma laboral. Aunque el número de ocupados ha crecido un 7% respecto al mismo periodo de 2019, algo explicable por una fortaleza mayor del empleo, especialmente entre los asalariados con contrato indefinido. Pero de esto no se puede deducir que esos empleos duren ahora más, solo que sus trabajos no tienen establecida la fecha de caducidad.

Los datos son reveladores: los ocupados que llevan menos de tres meses en el mismo empleo han pasado de suponer el 6,7% del total de ocupados en el tercer trimestre de 2019 al 6,5% en 2023. Los que pasan de 3 a cinco meses se mantiene en el 4,81% y os que llevan entre seis y doce meses pasan del 6,3% al 6,6%. Mayor es el incremento de los superan el año: crecen del 9,2% al 9,9%. Los que llevan trabajando entre 2 y menos de tres años se reducen del 6,5% al 6,2% y los que llevan de 3 a 5 años pasan del 13,7% al 14,5% del total. Por último, los que llevan más de 6 años en el puesto pierden peso, desde el 52,8% al 51,4%.

Estos datos muestran que la reforma laboral no ha tenido un impacto tan sustancial en la estabilidad real del empleo como en el tipo de contrato. De hecho, la mejora en el segundo año de la norma no parece muy compatible con el menor peso de las modalidades temporales, lo que alienta las sospechas de que la volatilidad asociada a estos trabajadores se ha trasladado a los indefinidos, ya sea a través de los fijos discontinuos o al abuso del periodo de prueba y los despidos entre los indefinidos ordinarios.

Líderes europeos en ceses

Pero los datos del INE se vuelven aún más interesantes al pasar bajo el filtro de Eurostat, la Oficina Europea de Estadísticas, que los utiliza para elaborar algunas métricas que no recoge la encuesta española.

Las dos más relevantes a este respecto son las de los ‘recent job starters‘ y ‘recent job leavers‘, que permite calcular el porcentaje de ocupados que han empezado un nuevo empleo en los últimos tres meses y el de los que acaban de abandonar uno en el mismo periodo.

Aunque los últimos datos disponibles corresponden al segundo trimestre del año, revelan con claridad que España sigue siendo segundo país (tras Finlandia) en el que más trabajadores acaban de encontrar empleo en los últimos tres meses, pero también el primero en el que más acaban de perderlo. Estos últimos supone un 4,9% del total.

Cabe preguntarse cómo es posible que haya una diferencia tan grande (de 1,4 puntos) entre la tasa de ocupados que entran y los que salen del empleo sin que el paro baje mucho más intensamente en España. Aquí hay que tener en cuenta que el dato de «recent leavers» solo recoge a las personas que no han encontrado otro empleo en el momento de hacer la encuesta. Es decir, que hay un pronunciado trasvase entre ambas estadísticas: muchos trabajadores que acaban de empezar en un trabajo acaban también de perder otro. Por ello no se traduce a creación neta de empleos, pero sí dice mucho de su precariedad.

Por ejemplo, puede resulta sorprendente comparar los datos de España con los de Países Bajos, cuya tasa de temporalidad es superior a la nuestra, pero en que los nuevos ocupados suponen un 5,4% (menos que España) pero los nuevos despedidos solo suponen un 0,5% acaban de abandonarlo. La explicación es obvia: aunque en Holanda haya más trabajadores temporales les resulta mucho más fácil encontrar un nuevo empleo que en España.

Los datos de la serie histórica, que arranca en 2009, apuntan a que en esta evolución influyen más la situación económica que los cambios legales. Entre 2009 y 2013 la tasa de personas que abandonaban un empleo superaba a la de los que empezaban a trabajar. Pero a partir de ahí la situación se invierte.

Ocurre justo un año después de la entrada en vigor de la reforma laboral del PP, que no modificó la contratación ni restringió la temporal, sino que flexibilizó el despido. Pero también cuando se da por iniciada la recuperación económica tras la crisis financiera iniciada en 2008.

Cuando estalla la pandemia, las contrataciones se frenan en seco y las salidas se disparan las salidas, pero tras la normalización de la actividad la tendencia anterior se recupera. Las entradas se reducen, pero también las salidas, que marcan mínimos históricos y logran bajar por debajo del 5% en momentos puntuales (como en el segundo trimestre de 2023). Pero esto puede responder al rebote del empleo, que ha incrementado las oportunidades laborales, más que a la reforma laboral que obliga a firmar más contratos fijos.

Un dato que apunta a que, para la estabilidad real del empleo, son igual o más importantes los estímulos económicos a la contratación estable que las barreras legales a la contratación temporal o incluso a los despidos. Una receta que, visto lo visto, se aplica con mayor eficacia en el resto de la UE que en España.

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