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domingo, julio 21, 2024

El Banco de España alerta del «debilitamiento» de la economía, recorta el PIB para 2024 y avisa de un «repunte de la inflación»

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El Banco de España ha alertado del «debilitamiento» que está sufriendo la economía española desde el verano con un crecimiento esperado para el tercer trimestre de tan sólo el 0,3% y, aunque mantiene su previsión para el conjunto del año 2023 (del 2,3%), ha recortado su proyección para 2024 en cuatro décimas (hasta el 1,8%) y ha alertado de «un repunte de la inflación hasta mediados del año que viene».

Así lo recoge en su Informe trimestral de Proyecciones Macroeconómicas 2023-2025 presentado este martes, en el que no ha tenido en cuenta la revisión al alza del PIB de 2020, 2021 y 2022 que publicó el lunes el Instituto Nacional de Estadística (INE), ya que para poder saber su impacto en las proyecciones de 2023 será necesario esperar a que el día 22 se desglose el crecimiento revisado de los trimestres del año pasado; ni tampoco han considerado como riesgo la incertidumbre política con respecto a la formación de un nuevo Gobierno en España.

El frenazo que prevé la institución que gobierna Pablo Hernández de Cos y que creen que «se mantendrá en los próximos trimestres» se explica por diversos factores, entre los que destacan la ralentización de la economía global -especialmente en China y la Eurozona-, el alza de los precios de la energía (en 2025 calculan que el petróleo será un 20% más caro que antes de la pandemia, mientras que el precio del gas se habría multiplicado por 4) y los efectos que puede tener la subida de los tipos de interés sobre el consumo y la inversión, ya que a medida que hogares y empresas ven como se encarecen sus deudas (hipotecas y préstamos), se reduce el dinero disponible para consumir o invertir.

El Banco de España asegura que este estancamiento en la economía ya es coherente con la ralentización que se aprecia en el empleo, en los indicadores de confianza e incluso en la encuesta que realiza sobre la actividad empresarial.

Pese a esta desaceleración a corto plazo, este organismo mantiene su previsión de crecimiento para el conjunto de 2023 en el 2,3%, ya que aunque hay factores que inciden a la baja, son compensados por otros que ejercen una influencia positiva. Aunque se mantiene esa previsión, su composición varía: el consumo privado tirará más de lo esperado (un 0,7% y no un 0,2% como se preveía en junio); el consumo público crecerá el doble (un 1,4% y no un 0,6%); y la inversión aportará mucho más (repuntará un 3,1% este año y no un 1,7%); con lo que la contribución de la demanda nacional al PIB será el doble del esperado inicialmente: 1,2 puntos y no 0,6.

Por el contrario, la demanda exterior neta contribuirá con 1,1 puntos, seis décimas menos de lo que se esperaba en junio, a pesar de que las importaciones aumentarán la mitad de lo previsto (un 1,5% y no un 3,2%), dado que las exportaciones crecerán mucho menos (un 4% y no un 7,1%).

Sin embargo, la previsión se ensombrece de cara a 2024 y 2025: la del próximo año se recorta cuatro décimas (del 2,2% al 1,8%) y la del siguiente, una décima (del 2,1% al 2%). «El encarecimiento de la energía pero también, en menor medida, el deterioro del contexto exterior y el mayor tensionamiento de las condiciones financieras explican la revisión a la baja de 0,4 puntos porcentuales en el avance del PIB en 2024», ha explicado Ángel Gavilán, director general de Economía y Estadística de la institución.

El organismo espera que el año que viene consumamos menos de lo que se pensaba (el consumo privado repuntará un 2,2% el próximo año y no un 3,3%) y que las empresas inviertan menos también (con un aumento de la formación bruta de capital fijo del 3,4% y no del 4,1% como se esperaba en junio). La demanda nacional aportará 2,1 puntos, siete décimas menos, y la externa restará tres décimas.

NUEVO INCREMENTO DE LA INFLACIÓN

Pese a que el encarecimiento de los bienes y servicios que consumimos se había desacelerado en la primera mitad de este año, el Banco de España ha alertado de un nuevo «repunte» de la inflación que durará hasta mediados del año que viene.

Por ello, han elevado su previsión para la inflación interanual promedio de este año en cuatro décimas (del 3,2% al 3,6%), han subido en siete décimas la del próximo (del 3,6% al 4,3%) y mantienen la de 2025 en el 1,8%.

«El incremento reciente de los precios del petróleo, los efectos base alcistas derivados de la caída de los precios de los carburantes y combustibles en la parte final de 2022 y la expiración en 2024 de las medidas públicas desplegadas para mitigar las consecuencias de la crisis energética darán lugar a un repunte de la inflación general hasta mediados del próximo año. No obstante, se espera una desaceleración gradual de la inflación no energética», recogen en el informe.

Pese a que sus perspectivas no son optimistas a corto plazo, sí contemplan una «desaceleración de los precios de los alimentos bastante generalizada» y también de la subyacente -que excluye la evolución del precio de los productos energéticos y los alimentos frescos- y para la que esperan que, tras un crecimiento del 4,1% en 2023, su ritmo de variación se reduzca hasta el 2,3% en 2024 y el 1,7% en 2025.

La desaceleración prevista en los alimentos «se explica por el descenso de los costes de algunos insumos productivos, como la energía y los fertilizantes, tras los fuertes incrementos que estos registraron durante buena parte del año pasado. No obstante, la magnitud de esta moderación de los precios de los alimentos tenderá a verse limitada por el impacto negativo que la materialización de condiciones meteorológicas adversas podría suponer sobre la producción de determinados bienes agrícolas en algunas áreas geográficas y también, probablemente, por la retirada de Rusia de la Iniciativa sobre la Exportación de Cereales por el Mar Negro», avisan.

RIESGOS EN EL HORIZONTE

El escenario macroeconómico esbozado por el Banco de España es susceptible de empeorar en caso de que se materialicen ciertos riesgos que la institución ha identificado.

Entre ellos figuran un empeoramiento de la actividad económica internacional y, en especial, en China -lo que se traduciría en menos crecimiento pero, como parte positiva, también en menos inflación-; que el endurecimiento de las condiciones de financiación impacte en la economía; que el precio de la energía y los alimentos repunte más de lo esperado -por ejemplo debido a fenómenos climáticos adversos (sequías, inundaciones, etc.)-; que se produzcan efectos de segunda ronda en salarios y/o márgenes (que por ahora el supervisor descarta); que haya tensiones geopolíticas impredecibles o que el ritmo de ejecución de los fondos europeos sea más lento del esperado.

Uno de los riesgos que está rodeado de más incertidumbre es la subida de los tipos de interés. Según distintos modelos macroeconómicos recogidos por el Banco de España, el impacto de una subida de 1 punto porcentual en los tipos de interés puede restar entre 4 décimas y 1 punto al crecimiento del PIB en el primer año desde que se aprueba.

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