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martes, mayo 28, 2024

Un tsunami de petróleo en EEUU desata una caída histórica en el gas de Occidente

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La producción de gas en EEUU está disparada. Tales son los niveles de extracción, que EEUU ha logrado un nuevo récord de exportación, lo que ha permitido, en parte, que los precios del gas caigan en todo el mundo, pero sobre todo dentro de su territorio. No obstante, dentro ya de por sí notable tendencia, hay una curiosidad que enriquece aún más estos datos: buena parte de esta avalancha de producción de gas ha llegado de rebote, gracias al incremento en la producción de petróleo.

En 2022, la producción anual de ‘gas natural asociado’ (el que se extrae de los pozos de petróleo) aumentó un 9% hasta los 15.500 millones de pies cúbicos por día (Bcf/d) en las principales regiones productoras de petróleo crudo de EEUU. Este fenómeno se produce, por un lado, porque ahora las empresas aprovechan una mayor parte de ese gas (antiguamente se quemaba casi todo), por otro, el más importante, porque se ha producido un aumento del 8% en la producción de petróleo crudo, según los datos del Departamento de Energía de EEUU.

Este aumento del crudo ha irradiado al sector del gas, que también ha realizado una inyección histórica. Según datos de la Administración de Información Energética de EEUU (EIA, por sus siglas en inglés), solo en una semana de noviembre se agregaron 10.000 millones de pies cúbicos de gas al almacenamiento. Una sorpresa que ha empujado a la baja los precios de la materia prima. Y de hecho, esta agencia celebraba recientemente la aprobación este diciembre de nuevas plantas que producirán cerca de 20.000 millones de piés cúbicos diarios adicionales repartidos entre Texas y Louisiana. Una perspectiva que también ha hundido los precios.

En lo que va de año, el gas natural en Estados Unidos ya se ha desmoronado un 60%, pero la realidad es que ha sido a partir de noviembre, cuando el invierno históricamente suele disparar su demanda y precio, cuando ha experimentado la mayor caída. El penúltimo mes del año se ha saldado con una caída del 28% que se ha extendido en la primera parte de diciembre hasta el 41%. Se trata de la mayor caída porcentual que se ha dado en toda la historia de la materia prima, solo por detrás del descenso entre el final de 2022 y enero de 2023, cuando retrocedió un 40% en solo 30 días. Sin embargo, las caídas masivas han vuelto cuando nadie las esperaba ya, con el precio ya en mínimos y en el umbral del invierno.

Además de una producción frenética, esto se ha mezclado con un invierno mucho más suave de lo esperado, tanto en Europa como en EEUU, una situación que ha ‘congelado’ la demanda de gas. En ese sentido, desde la propia EIA avisaban de «una revisión a la baja de nuestras perspectivas debido a este invierno más cálido que ha frenado la demanda de calefacción residencial y comercial». Esto, unido al auge de la producción, ha derivado en que la agencia pronóstico «unos inventarios un 22% más altos de lo que han promediado los últimos cinco años, con más de 2 billones de pies cúbicos almacenados».

Un gas ‘rebotado’ del petróleo

El ‘gas natural asociado’ representa ya más de un tercio de la producción total de gas natural en las regiones de la Cuenca Pérmica, Bakken, Eagle Ford, Niobrara y Anadarko y el 14% de toda la producción de gas natural de Estados Unidos, asegura el Departamento de Energía del país.

El gas natural asociado se quemaba en grandes cantidades en el pasado. Sin embargo, a medida que este hidrocarburo ha ido ganando peso en el mix energético de muchos países, las empresas que extraen petróleo han comenzado a aprovecharlo. Este tipo de gas natural se encuentra junto al petróleo crudo, bajo la presión de una formación geológica. Este gas se libera cuando se alivia la presión sobre el petróleo crudo al bombearlo y llevarlo a la superficie.

De este modo, el fuerte incremento de la producción de petróleo en EEUU está provocando de rebote este aumento de la producción de gas. Los últimos datos disponibles del Departamento de Energía de EEUU revelan que la producción de crudo ha superado los 13,2 millones de barriles diarios. Casi todo el petróleo nuevo que se está extrayendo en EEUU procede de la Cuenca Pérmica y de la formación de Bakken, dos zonas muy ricas en shale oil (petróleo de esquisto) y, por su puesto, en gas natural. Del proceso para extraer ese petróleo de esquisto se produce ese aumento al mismo tiempo de la extracción de gas. Con todo, EEUU logró exportar más gas natural en el primer semestre de 2023 que en el mismo período de cualquier año anterior. Las exportaciones de gas natural promediaron 20.400 millones por día (Bcf/d), un 4% más que en el mismo periodo de 2022.

Este auge petrolero ha sido también la sentencia de las grandes amenazas al barril que se han ido encadenando a lo largo del año. Desde comienzos del año la OPEP empezó a intentar reflotar los precios con recortes, pero fue a partir de verano cuando pisó el acelerador con una fuerte reducción conjunta de Arabia Saudí de 1 millón de barriles y el apoyo de 300.000 barriles menos de Rusia. Esto se mezcló con el comienzo de un conflicto Israel-Hamás en Oriente Medio. Ambos factores, combinados, hicieron soñar al mercado con un barril a 100 dólares en el corto plazo, pero la menor demanda por la ralentización económica y el potente músculo petrolero de EEUU acabaron con esa posibilidad. Por ello, desde máximos del año (septiembre), el precio del barril europeo ha caído un 24% hasta los 73 euros, caída idéntica a la del WTI norteamericano.

Europa se beneficia de este ‘boom’ del gas

Este excedente inesperado e histórico se ha filtrado también en los precios del gas europeo, que han vivido una potente caída aunque, eso sí, algo más contenida. Los futuros de la materia prima en el viejo continente, el TTF, han marcado una caída del 10% en el mes de noviembre, al calor de estos anuncios de incrementos de la producción. Y no solo es un mes aislado, los precios siguen cayendo y han extendido este retroceso hasta un 21% desde ese mes.

Esta caída, según Capital Economics, viene en buena medida de unos inventarios a rebosar con los envíos procedentes del otro lado del océano. En ese sentido, Bill Weatherburn, analista de materias primas de la firma, explica que prevé que los precios sigan a la baja y no se separen de los 32 euros el megavatio incluso hasta finales de 2024. «Los inventarios están ya al 93%, con países clave como Alemania en el 98%». En ese sentido, los expertos de Commerzbank señalan a la influencia de EEUU como el factor clave, debido a que «su proveedor más importante ha rebajado sus precios de forma drástica».

«Los productores de EEUU están disparando la capacidad de licuefacción posible al calor del fracking»

Sin embargo, en la UE el gas es más caro que en EEUU y esto tiene un motivo claro. Todo tiene que ver con el proceso de transporte. EEUU produce mucho gas, pero para enviarlo al extranjero, el gas natural debe estar licuado. Las complejas y costosas instalaciones que transforman el gas en GNL (gas natural licuado) son algo relativamente nuevo en EEUU (esta industria se ha desarrollado de forma reciente, al calor del fracking y el auge del shale oil) y en este momento los productores estadounidenses están maximizando la capacidad de licuefacción disponible, según explica Emily McClain, analista senior de Rystad a Axios.

Por ello, gran parte del gas se queda en América, generando una enorme abundancia, lo que significa que los precios estadounidenses están influidos en mayor medida por la dinámica regional más que por el arbitraje global. En Europa ocurre lo contrario. El Viejo Continente apenas produce gas, por lo que necesita importarlo. La parte que llega desde EEUU necesita pasar el proceso comentado anteriormente: primero hay que licuar el gas para transportarlo en enormes buques, para posteriormente regasificarlo en instalaciones como las que tiene España, que se ha convertido en una ‘potencia’ o hub gasístico desde que comenzó la guerra de Ucrania. Todo ello tiene un coste, no solo de transporte, también hay que sumarle la mano de obra y los propios costes que aplican las regasificadoras.

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