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domingo, febrero 25, 2024

El vicepresidente boliviano desafía a Evo Morales en su feudo político y recrudece la guerra en el partido de Gobierno

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La guerra interna del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia ha escalado a un nuevo nivel. El vicepresidente, David Choquehuanca, ha visitado este miércoles el municipio de Chimoré, en El Chapare, la región cocalera de Bolivia, donde se ha reunido con dirigentes de un sindicato que lo invitaron unos días antes. Enfrentado con Evo Morales desde hace años, Choquehuanca llegó a la zona a pesar de la oposición de los fieles del expresidente, que organizaron una “vigilia” y un bloqueo temporal de carreteras en su contra. En medio de la guerra que divide al partido gobernante, los incondicionales de Morales consideran a Choquehuanca un “divisionista”, y le exigieron que primero “pida permiso” a la coordinadora cocalera, dirigida por el exmandatario, antes de viajar al lugar. La visita era todo un desafío. El Chapare es la región más fiel a Morales: ahí comenzó su carrera política como dirigente sindical y allí volvió a finales de 2020 tras su exilio en México y Argentina.

Fundador del MAS e histórico dirigente aimara, Choquehuanca, de 62 años, fue ministro de Relaciones Exteriores de Morales durante 11 años y se le consideraba su sucesor natural hasta que fue despedido del cargo en 2017. Era el favorito de las bases del partido para las elecciones de 2020, pero Morales impuso su criterio y eligió a Luis Arce, su exministro de Economía. Choquehuanca le acompañó como vicepresidente, y desde entonces es el principal animador de la corriente “renovadora” dentro de las organizaciones sociales que constituyen la columna vertebral del MAS. Los seguidores de Morales creen que sus constantes viajes a áreas rurales y a las escuelas de capacitación indígena que ha impulsado en este tiempo sirven para montar la estructura política con la que Arce competirá con Morales por la candidatura popular y de izquierda para las elecciones de 2025. Choquehuanca ha desafiado varias veces al jefe del que, hasta ahora, sigue siendo el partido de ambos, pero es la primera vez que lo hace en El Chapare, donde se considera que el dominio de Morales es incontestable.

Días atrás, la Federación de Comunidades Interculturales del municipio de Chimoré aprobó la resolución de “no recibir a ninguna autoridad si no tiene autorización de las organizaciones matrices” o, de lo contrario, bloquear la carretera que comunica a las dos principales ciudades del país, La Paz y Santa Cruz. Los “interculturales” son campesinos que provienen del lado montañoso, pero viven en las zonas bajas del país.

La reunión sindical se realizó inmediatamente después de que los campesinos se enteraran de que el vicepresidente tenía pensado viajar a Chimoré. “No garantizamos [su seguridad] ni confiamos de que tenga buenas intenciones; mas al contrario, son autoridades sin principios que buscan el divisionismo de un pueblo unido y organizado, buscando intereses personales políticos”, advirtió el voto resolutivo. Al día siguiente, el sindicato que había llamado al vicepresidente informó de que la invitación seguía en pie. Según la radio local Kausachun Coca, que responde a la línea de Morales, Choquehuanca llegó por vía aérea, fue protegido por un fuerte contingente policial y la reunión se celebró en un cuartel militar. Las fotos que difundió el Gobierno lo muestran rodeado de dirigentes en una sala del aeropuerto de Chimoré.

El periplo de Choquehuanca eleva aún más la temperatura interna dentro del oficialismo boliviano, que ya está dividido en dos, aunque el cisma aún no se haya formalizado. El domingo 2 de abril, Morales advirtió en un tuit que “el MAS no está en el Gobierno”. Desde el festejo del aniversario del partido, el 27 de marzo, ocasión en la que él y el presidente, Luis Arce, libraron una dura batalla retórica, la distancia entre los dos líderes se ha profundizado hasta un punto que la mayoría de los analistas considera “sin retorno”.

El intento del exvicepresidente de Morales, Álvaro García Linera, por llevarlos a una mesa de negociación fue abruptamente rechazado por el antiguo presidente, que, en otro tuit, calificó a García Linera como su “nuevo enemigo”. En respuesta, García Linera declaró a la prensa que él era “secundario” y que lo que de verdad importa es que Arce y Morales resuelvan sus diferencias. “Evo y Luis… júntense, unan y reconstituyan la fuerza de este movimiento”, pidió. El vicepresidente que acompañó a Morales durante sus 13 años de Gobierno y al exilio les pidió a ambos líderes que no sigan con ambigüedades: “Si de manera definitiva no hay reconciliación, pues ya, díganle a la militancia, al pueblo”. García Linera es el único militante notorio del MAS que admite con claridad que el objeto de esta disputa es la candidatura presidencial en las elecciones de 2025.

Evo Morales ha dedicado los últimos meses a criticar al gabinete de ministros de Arce, a los que llama “derecha interna”, por supuestamente estar conspirando para desprestigiarlo ante la opinión pública con investigaciones sobre presunto narcotráfico y corrupción en sus tres Gobiernos. Otra de sus quejas es el supuesto despido del Gobierno de quienes lo siguen, llamados evistas. Desde la otra vereda, los dirigentes cercanos a Morales exigen la renuncia de los ministros por fidelidad al “verdadero proceso de cambio”, y atacan al Gobierno con toda clase de denuncias de corrupción.

El último episodio indica que las bases de Morales intentan darle al Gobierno de Arce el mismo tratamiento que reservaban en los años noventa para los gobiernos neoliberales, que estaban comprometidos con la llamada guerra contra las drogas. Frente a ellos, el arma del bloqueo de caminos era particularmente poderosa. De esta lucha emergió, a fines del siglo pasado, la figura de líder de Morales.

En su discurso en el acto de aniversario del MAS, Arce pidió que el partido sea “pluralista” y que las opiniones divergentes se permitan “en el marco de la unidad ideológica”, lo que fue descartado, inmediatamente después, por Morales en su propio discurso. Este señaló que el pluralismo se ha usado para “destrozar al movimiento popular”. También cuestionó: “¿De qué unidad estamos hablando? Hablan de unidad y por debajo están dividiendo con prebendas”, en alusión a los esfuerzos de Arce y Choquehuanca por obtener apoyo propio dentro de los movimientos sociales, esfuerzos que ahora se intenta cortar de cuajo con esta prohibición de visitas que han aprobado los cocaleros del ala evista y que es probable que se extienda a otras zonas del país.

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