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viernes, abril 12, 2024

La batalla de la Unión Europea por los derechos humanos en Asia

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DW – La Unión Europea se puso la meta de ser «más proactiva, más innovadora y creativa en el área de los derechos humanos” en 2023, de acuerdo con su jefe diplomático, Josep Borrell. Sin embargo, analistas advierten que es probable que el bloque tenga problemas con esos objetivos en el sudeste asiático, una región de creciente importancia geopolítica para Bruselas. Y este año se perfila especialmente duro en ese sentido.

Las elecciones generales en Camboya y Tailandia, en el verano boreal, serán muy disputadas, y probablemente se verán empañadas por irregularidades. Bruselas ya ha impuesto algunas sanciones a Camboya por su deterioro democrático en los últimos años.

La junta militar de Birmania, que arrebató el poder a un gobierno elegido democráticamente hace casi dos años, también planea celebrar elecciones este año, a pesar de que controla una fracción del territorio total del país.

En Vietnam, gobernado por comunistas, el principal socio comercial de la UE en la región, ahora el opresivo ministerio de seguridad pública ostenta un mayor poder tras la «renuncia» del presidente prooccidental Nguyen Xuan Phuc, a principios de este mes.

La UE necesita «intensificar su juego»
Timor Oriental fue el único país del sudeste asiático clasificado como «libre» en el último índice «Freedom in the World”, de Freedom House. Pero ese país solo tiene escasas relaciones con la UE.

En contraste, Laos, Vietnam, Camboya, Tailandia y Birmania se ubicaron entre los 50 últimos de los 194 países encuestados. Singapur y Malasia ocuparon los peores lugares, 75 y 76, respectivamente.

La UE tiene todas las herramientas necesarias para ser una defensora eficaz de los derechos humanos en el sudeste asiático, «pero necesita intensificar seriamente su juego», según Phil Robertson, subdirector de la División para Asia de Human Rights Watch (HRW).

«Con demasiada frecuencia, los problemas de derechos humanos quedan enterrados en la prisa por restablecer y fortalecer los lazos comerciales en el mundo pospandémico», dijo Robertson a DW.

¿Qué tan fuerte es la influencia de la UE en el sudeste asiático?
De hecho, Bruselas tiene su Régimen Global de Sanciones de Derechos Humanos, un documento similar a la Ley Magnitsky, aprobada por EE. UU., que permite sancionar a funcionarios en países extranjeros.

Ahora ha establecido un diálogo sobre derechos humanos con la mayoría de los gobiernos de la región, y acuerdos de asociación y cooperación con algunos de ellos. Los representantes de Malasia y Tailandia firmaron esos pactos el mes pasado en Bruselas.

La UE también es un inversor clave en la región, y uno de los tres principales socios comerciales de la mayoría de los Estados. Más importante aún, es uno de los mayores importadores de bienes del sudeste asiático, lo que significa que cuenta con la amenaza de sanciones comerciales para presionar a los gobiernos regionales en cuestiones de derechos humanos.

El problema, sin embargo, es que al impulsar una agenda de derechos humanos «más proactiva, innovadora y creativa”, la UE corre el riesgo de frustrar a esos gobiernos en un momento en el que necesita desarrollar relaciones sanas con ellos lo antes posible.

Si bien muchos en el sudeste asiático perciben a la UE de manera positiva debido a su enfoque en los derechos humanos, otros consideran que la UE critica su política interna.

Además, la UE parecería estar analizando sus propias narrativas sobre derechos humanos. En una entrada en su blog del 7 de enero, el jefe de la política exterior de la UE, Borrell, señaló que hay «intensas discusiones sobre si los derechos humanos son universales o culturalmente relativos». El escándalo de corrupción en el Parlamento Europeo también afecta la imagen de la UE en Asia.

Bruselas necesita trabajar tras bastidores
Shada Islam, una analista independiente con base en Bruselas, dice que no espera que la UE empiece a denunciar más duramente las violaciones a los derechos humanos debido a que necesita «cortejar» a los países del sudeste asiático. Sin embargo, reconoce que la agenda de derechos humanos de la UE puede mejorar, «pero eso significa cambiar de táctica».

¿Cómo? Con «menos megáfono y diplomacia performativa» y «más intentos serios de ayudar, también tras bastidores, a los defensores de los derechos humanos en riesgo; más capacitación en derechos humanos para la Policía y el Poder Judicial, y más énfasis en la protección de los derechos de las mujeres y las minorías”, subraya Islam.

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