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viernes, mayo 24, 2024

Una OTAN en agonía no puede causar discordia en Asia-Pacífico

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El 31 de enero por la noche, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y el primer ministro japonés, Fumio Kishida, emitieron una declaración conjunta sobre la visita de Stoltenberg a Japón, en la que afirmaban que ambas partes cooperarían en ámbitos como la seguridad marítima, el ciberespacio y el control de armamentos, sin olvidar hablar del poderío militar de China y de la cuestión de Taiwan. Los medios de comunicación japoneses afirmaron que es la primera vez en casi 6 años que un secretario general de la OTAN visita Japón, y que Japón y la OTAN están «acercándose rápidamente».

Antes de eso, Stoltenberg también señaló con el dedo a China durante su visita a la República de Corea, afirmando que China plantea un «desafío a los valores, intereses y seguridad occidentales». La OTAN, producto de la Guerra Fría, está siendo arrastrada por la llamada «estrategia Indo-Pacífica» de Estados Unidos, que utiliza a China como pretexto para extender sus tentáculos a la región Asia-Pacífico, trayendo consigo los fantasmas de la Guerra Fría. Esto merece un alto grado de atención en la región Asia-Pacífico.

En mayo del año pasado, el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, afirmó en un discurso sobre la política para con China que quería «modelar» el entorno estratégico en torno a China; en junio del año pasado, la cumbre de la OTAN invitó por primera vez a los líderes de Japón, República de Corea, Australia y Nueva Zelanda, y en su último documento estratégico difamó a China por «plantear un desafío sistémico al sistema euroatlántico». A finales de enero de este año, Stoltenberg realizó una visita de alto nivel a Japón y República de Corea, en la que volvió a insistir en el «desafío chino». Esta serie de acciones demuestra que la OTAN está intentando a toda prisa llevar el azote de la confrontación de bloques a Asia-Pacífico, para «revivir» y abrir el camino a una hegemonía al estilo estadounidense.

Tras Stoltenberg, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, llegó a la República de Corea el 30 de enero para reiterar su intención de reforzar la «capacidad de disuasión ampliada» de Estados Unidos. Mientras Estados Unidos y la OTAN exageran la idea de que China es una «amenaza militar», están reforzando sustancialmente sus alianzas militares con sus aliados asiáticos, lo que provoca una profunda inquietud y amenaza a la seguridad en la región de Asia-Pacífico. Se trata también de un claro indicio de que Estados Unidos está detrás de la ofensiva para la integración de la OTAN en la región Asia-Pacífico. Está presionando a sus aliados de Asia-Pacífico para que conecten con la OTAN y promueva la llamada «estrategia Indo-Pacífica» con el fin de formar una arquitectura de seguridad para contener a China.

Sin embargo, la OTAN actual ya no es lo que era. Por mucho que lo intente, es como un actor que se ha quedado demasiado tiempo. Como producto de la Guerra Fría abandonada por los tiempos, no hace más que montar un espectáculo político para exagerar las supuestas amenazas a la seguridad y actuar la frecuente interacción con Japón y República de Corea, que es más simbólica que práctica.

La OTAN parece ahora algo grande, pero en realidad se está agonizando. Esta es una realidad que ninguna actuación política de alto nivel puede ocultar. La OTAN quiere provocar disturbios en Asia-Pacífico, pero no puede causar discordia. La región Asia-Pacífico no es una arena para las grandes potencias, y cualquier intento de emprender una «nueva guerra fría» no será aceptado por los pueblos de la región Asia-Pacífico, ni los tiempos lo permitirán.

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